Perotti vive quizá su peor momento desde que es futbolista profesional. Después de haberse ganado un hueco en la élite a fuerza de trabajo (salió rebotado de las categorías inferiores de Boca Juniors cuando apenas era un niño y fue captado por el Sevilla cuando jugaba en la Primera B argentina, equivalente a la Segunda División B) y de haberse enfundado la camiseta de la selección absoluta argentina en noviembre de 2009, la figura del extremo se ha estancado.
Cuando debutó con el primer equipo sevillista, el ‘Monito’ (apodo que proviene de su padre Hugo Perotti, que jugó casi diez años en Boca Juniors) parecía un jugador más maduro de lo que marcaban sus 19 años: sabía cuándo debía regatear para hacer daño al rival, cuándo debía asociarse con sus compañeros y además salía por los dos perfiles con soltura. Pero esta temporada la versión que vemos de Perotti es la de un jugador unas veces apático y otras obsesionado con la filigrana. Es cierto que ha sufrido varias lesiones que por fuerza perjudican su fútbol explosivo, pero Perotti también transmite sobre el campo un problema de actitud, además de físico.
Su fútbol, lejos de evolucionar, parece haberse enquistado. Evita los balones en profundidad y abusa de pedir la pelota al pie, ralentizando así el juego del Sevilla. En muchas ocasiones tiende a empacharse de balón y lo conduce en demasía, sin hacer daño al rival porque se encuentra muy lejos del área. Tampoco ha explotado en cuanto a cifras goleadoras, ya que su mejor marca fue la de hace dos temporadas con solo cinco goles, y en esta aún no ha conseguido anotar.
Para colmo, sus titulares más recientes han sido por problemas extradeportivos. En el último partido en el Ramón Sánchez-Pizjuán, Perotti fue suplente, y cuando saltó al campo, además de llevarse una tímida pitada de la afición, pronto se le vio que llevaba una marcha menos que el resto de sus compañeros: había vuelto a caer lesionado, pero como Marcelino ya había hecho los tres cambios, tuvo que continuar en el terreno de juego. Al término del encuentro, y en plena calle, esta lesión no le impidió encararse y comenzar una pelea con un aficionado que había estado mandándole mensajes amenazantes a su teléfono móvil, según la versión del argentino.
Todo parece estar en contra del extremo, que sin embargo cuenta con el apoyo del club. El Sevilla rechazó el pasado mes una oferta del Dinamo de Moscú de unos nueve millones de euros, además de otra más elevada de la Juventus el pasado verano. Pero la paciencia sevillista no es infinita, y si Perotti sigue cayendo sin freno en su juego, a final de temporada sería más que probable su venta, ya que todavía cuenta con cartel en Europa.
Si Perotti consigue superar sus lesiones musculares, solo en su mano estará volver a ser el jugador que tanto prometía cuando debutó en Primera División. Cualidades no le faltan, y las ha demostrado en temporadas anteriores, pero debe entender que jugar en equipo le hará mejor a él mismo individualmente, no lo contrario.
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